lunes, 27 de septiembre de 2010

El Real Valladolid se quedó destapado. Y con un amargo escalofrío


Me levanté en la mañana del domingo con mucho, mucho frío. Destapado. La vida, en ocasiones, da pequeñas pistas del por qué de las cosas; escribe premoniciones en los hechos, aunque éstas no sean visibles. Incluso para algo tan dulce como un hobbie. Algo tan atractivo como el fútbol. Deporte que, en algunos momentos, también destapa carencias ocultas bajo una sonrisa por el triunfo.

Para el partido ante el Elche, había decidido quedar con dos buenos amigos, ambos pucelanos, uno aficionado al Real Valladolid. Primer contratiempo leve, primer presagio: bar cerrado. Bueno, no era un problema, pues existía otra opción admisible en la recámara. Por tanto, rumbo a la mesa, rumbo al pincho con coca-cola, y a ver fútbol.

Sensaciones similares a las vividas con el partido del Betis. Una primera parte sin buen fútbol pero igualada, en la que el empuje ilicitano permitió que estos dispusieran de algunas ocasiones de gol. Oportunidades, que en el bando pucelano, nacían, silenciosas, en las botas de Nauzet Alemán y morían, bien en la frontal del área, o en jugadas sin peligro alguno. No había fluidez. No había conexión, de nuevo, entre los pivotes y los delanteros. Y las bandas cojeaban, pues sólo la derecha creaba peligro manifiesto para Willy Caballero y la línea defensiva local. El juego estático dominó al Real Valladolid, que sólo pudo romper esa realidad en alguna triangulación realizada en la línea de tres cuartos de campo. De nuevo, Calle, se hallaba solo y Guerra luchaba por zafarse de la presión rival y poder rematar a puerta. Y lo consiguió, pero en una transición rapidísima generada por Pedro López (ofensivamente más acertado en este inicio de temporada que defensivamente) en el flanco derecho, quien brindó un pase un Nauzet convertido en bala, para que éste sirviera a Guerra un gol en bandeja. Un tanto que valía, hasta después del descanso, tres puntos. Y algo más, porque valía moral, motivación, y demostraba fortuna. Curioso, parece que aún los de Gómez estaban jugando en Sevilla. Peligrosamente parecido al partido del Betis, porque si bien el Elche tuvo las mejores oportunidades, el electrónico marcaba algo totalmente distinto. El Real Valladolid se volvía a ir al descanso por delante sin tener la sensación de haberlo merecido.

Y claro, el fútbol suele ser justo. Termina poniendo a cada uno en su lugar. Y en una división tan disputada y dura como la segunda, aún más. Y es que el Real Valladolid está pecando, en los partidos que juega fuera de casa, de no saber matar el partido, dormirlo y llevarlo a su terreno. Y así llegó el gol tempranero de Kike Mateo, en el minuto 46 de partido, para igualar un choque y hacer tabla rasa. El Elche, con oxígeno tras el gol, buscó la remontada, en una segunda parte en la que el Real Valladolid no podía dominar, no podía hacerse con el balón, ni mucho menos disponer de ocasiones para volver a la victoria. No tenía ideas, y jugaba a merced de un conjunto ilicitano que me transmitía una sensación de superioridad que, más tarde o más temprano, parecía que acabaría en gol.

Por cada acercamiento de los franjiverdes torcía mi cabeza hasta apoyarla en la silla de aquel bar salmantino, en el que se podía ver colgada la camiseta unionista de Jorge Alonso, con el 14. Ni con la salida del mediocentro por Rubio lo veía claro, quien tenía la misión de elaborar un juego que el conjunto blanquivioleta no había creado en todo el partido. Percibía que en cualquier momento la profundidad del Elche terminaría por decidir el partido. Jacobo entraba en escena en un papel mucho más importante que en la primera mitad, y se llevaba una gran ovación. El resto de jugadores, meros espectadores que intentaban crear alguna contra para buscar su particular galardón.

Y algo parecido consiguieron cuando el hombre de aquella camiseta blanca y negra, colgada en la pared de aquel bar, se inventó un pase, que voló por encima de la línea defensiva ilicitana y que terminó en otro experimento de la segunda mitad, Óscar González, quien chocó con el portero Caballero. Penalty, y el arquero expulsado. De nuevo, cuando el pucela corría a la voluntad del equipo local, la oportunidad de enmendar ese problema apareció. Y fue aprovechada tras el gol que Jorge Alonso alcanzó. Y con Palanca, un hombre decisivo para el Elche y generador de peligro para los vallisoletanos, de portero.

Seguía asombrado por verme ganando sin haber tenido un partido cuyo resultado merecía ser ese. Me sentía arriba en la liga, y me dije: “este tipo de victorias nos enseñarán a saber ganar cuando el partido está de espaldas y la moral volverá a estar por las nubes”. Pero nada estaba aún decidido. Las premoniciones llegaron, desplegaron su verdadera cara y se convirtieron en el gol que nadie esperaba, cuando el partido moría en el minuto 92, y ya algunos aficionados franjiverdes se levantaban para abandonar el Martínez Valero. El equipo destapó sus carencias, al no saber matar un partido que tenían en posesión con un resultado inesperado en cierta manera, y con un hombre más sobre el terreno de juego. Y para más extravagancia, con uno de los jugadores más incisivos de este luchador Elche, Palanca, de portero. De mi boca sólo salían palabras nerviosas, impacientes. Y cuando observé, incrédulo, cómo Pelegrín remataba al palo largo un rechace de una defensa que, junto con todo el equipo, ya había tomado rumbo a vestuarios desde el penalty, mis palabras ya no eran eso. Eran algo más grave.

Y me levanté de aquella silla que me había sufrido durante todo el partido muy cabreado, apretando la mandíbula y frunciendo el ceño, por no saber aprovechar las ocasiones que nos han brindado, tanto en el partido ante el Betis, como en el vivido en Elche. La ocasión de sumar positivo en un partido que se podía haber perdido. Hemos de ser listos y hablo en primera persona porque soy aficionado. Hemos de tener picardía; ser sagaces. Si el equipo está ganando, juega con un hombre más, corre el minuto 92, hay que evitar que el rival tenga la posesión. Pero no hay que replegarse, porque quienes van por detrás en el marcador van a comerse al contrincante y conseguirán tener, al menos, una ocasión para lograr el objetivo. Como la que conllevó al gol. Cuando el equipo se mueve entre estos factores tiene que actuar más rápido que el otro, y mantener la cabeza en el encuentro.

Y el problema es precisamente la desconcentración que se ha acusado cuando el Real Valladolid marchaba por delante, sin verse dueño del partido. Y mientras, jugadores con hambre de jugar, como Rueda, Lázaro, o Antón por nombrar algunos, en el banquillo esperando la oportunidad que otros no están aprovechando como deberían. Y eso, a buen seguro, lo ha percibido Antonio Gómez. Un entrenador que para el próximo compromiso liguero, en mi opinión, debería hacer algunos cambios en el once. Empezando por el centro del campo. Y quien sabe, si volver a introducir a un media punta y dejar solo a un delantero de inicio, podría crear dinamismo, movilidad, y juego combinado en el centro del campo, y por tanto un mejor nexo de unión con el 9 blanquivioleta.

Lo que está claro es que al técnico madrileño le espera una semana intensa, en la que tienen que captar de una vez por todas, el obstáculo que están teniendo en este inicio. En la que los jugadores deben aprender, y absorber ese problema de concentración, para que ante el Albacete en casa, y sobre todo en los venideros encuentros a domicilio, no tropiecen con la misma piedra que les ha llevado a sentir una impresión amarga de lo acontecido a las dos menos cuarto de la tarde de un frío, y destapado, domingo de otoño.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Partido de primera, pero bañado en plata.

Amanecía, no demasiado pronto, en Salamanca. Ni mochilas, ni dinero para billetes. Tan sólo, de nuevo, el polo del Real Valladolid, y camino al bar. Y no lo vería solo, porque me acompañaría un compañero bético. Y es que, en esta ciudad, es complicado no conocer a alguien que tenga particulares equipos del alma. No únicamente el R. Madrid o el Barcelona.

12 menos 10, allí está, esperándome, con su camiseta verdiblanca, escondida bajo su sudadera. Yo, con mi ropa del equipo dejándose ver entre viandantes despistados y abstraídos. Nos pedimos un par de refrescos, en un bar tranquilo y vacío. Nos situamos en frente del gran televisor, y comienza el partido.
Callado, concentrado, veía un partido igualado, en los primeros compases, aunque con un Betis un tanto superior. Seguramente se veía más fuerte por la responsabilidad moral de jugar en casa. Y porque debían demostrar por qué son considerados el equipo más fuerte, y con más posibilidades a priori, de subir de categoría. Personalmente, vi a un Betis bien situado, pero que sufría sin balón, en los compases en que lo tenía el equipo pucelano. Vi un Betis con una delantera maravillosa para ascender, y con un centro del campo que anuló toda posibilidad de conexión entre la línea medular y los puntas pucelanos. Baraja, continuamente en el suelo, y Rubio poco vistoso. Y por medio de ese control del centro, y que además la única banda que creaba peligro pucelano era la ocupada por Nauzet, el Betis sintió esa leve superioridad.

En mi silla suspiraba con fuerza, como con desesperación, y no porque el juego planteado por los chicos de Gómez me decepcionara, o no me gustara. Si no porque pasaban los minutos, el resultado se mantenía perenne, y los blanquivioletas seguían jugando en igualdad de condiciones y pudiendo amarrar un buen resultado en un feudo realmente complicado. Veía que podíamos, pero que pasaba el tiempo y Emaná, en alguna contra bética, ponía en aviso a seria defensa comandada por Marc Valiente, que se está destapando como el líder de la zaga. La máxima representación de las ganas del Betis por marcar ante el otro líder de plata, y de hacerlo en su estadio, apareció en un disparo de Caffa al palo del Jacobo.

Pero mis sensaciones seguían siendo extrañas. Estaba viendo un buen partido, un choque igualado en general, con rachas de posesión para cada equipo, pero sin llegadas claras de ninguno de los dos. Un empate, lo más justo. Entonces, llegó el gol de Marc Valiente, al rematar de cabeza un balón servido desde el saque de esquina, y que me sorprendía. Porque nos íbamos al descanso venciendo en el Ruíz de Lopera, y mostrábamos nuestro gran nivel, ganando un encuentro que no parecía decantarse a favor de nadie; y se advertía que los aficionados al Real Valladolid lo pasaríamos bien, al menos durante la segunda parte.

Llegó el descanso. Tiempo, que mi amigo bético utilizó para apostar a las tragaperras, y no tener, como suele ser habitual, mucha suerte. La fortuna estaba guardada para después. Estaba de lado de Pepe Mel y los suyos, si bien ésta aún no había dicho su última palabra.

Comenzó el segundo período, y se vieron los errores defensivos, en el gol tempranero que Rubén Castro marcó al anticiparse a toda la defensa. Empate y volver a empezar. Nuevo partido, más abierto, y a por la victoria. Y es que ni el R.Valladolid ni el Betis especularon en ningún momento, y enseñaron a todos los espectadores que querían los 3 puntos, sí o sí. En ese sentido elogio la actitud del equipo, que buscó volver a adelantarse en el marcador por medio de Calle y Guerra, quienes dispusieron de dos ocasiones muy claras para marcar. Sin embargo, el Betis aprovechó una contra bien llevada por Lopes, y que remató a placer, libre de todo estorbo, Israel para voltear el partido. Gran error, tanto en la transición lenta, como en el marcaje al canterano . El equipo, en ese aspecto, debe de estar más atento, y aprender a realizar faltas tácticas y a replegarse con más velocidad. En esa jugada, eso no ocurrió, y así llegó el segundo. Errores que, a buen seguro, habrán localizado eficazmente en el equipo, y que intentarán mejorar contra el Elche. Porque si hay que sacar a relucir los fallos, los aspectos mejorables, que sea ahora, en el principio del campeonato.

Y termina el partido. Al finalizar, a mi amigo bético le comenté cómo podría enfocar, analizar lo ocurrido para haber perdido. Normal que me resultase complicado, porque la solución era realmente fácil: fueron más eficaces, y marcaron dos en lugar de uno. Obvio, a simple vista, pero que tanto cuesta entender cuando se quiere sacar punta a todo, y cuando cuyo único objetivo es la crítica destructiva. Sabía que Calle había pasado inadvertido, y que aun así tuvo la más clara, y que Guerra intentó, sobre todo en la segunda mitad, por desmarques, crear peligro, pero sin premio. Sabía que Sisí tan sólo perdía balones y su marcador le superaba continuamente, y que Nauzet demostró esa ambición que copa sus ventajas. También que la línea defensiva es segura, pese a algún error de Arzo; y que Barragán podría salir ante el Elche, por las debilidades defensivas que en determinados lances del encuentro muestra Pedro. Y sabía que Guilherme necesita tranquilidad, y sentarse en el banquillo durante algún partido. Y que los cambios no surtieron efecto, porque necesitan más tiempo de acoplamiento. Pero también era consciente de que estamos en el principio, y que partidos como estos sirven para aprender, y para hacernos fuertes.

Finalmente, si tuviera que asemejar esta derrota a alguna cercana, utilizaría el símil del partido entre España y Suiza. Al menos, en el valor anímico de ella. Una derrota que molesta, pero no preocupa.

lunes, 13 de septiembre de 2010

A seguir (R.Valladolid 4-0 Recreativo,12 Sept., 2010)


Salamanca. Domingo 12 de Septiembre. 8,10 de la mañana, me dispongo a salir de casa, con mi mochila a cuestas y también con el sueño como acompañante. Mientras camino dirección a la estación de autobuses, me cruzo con fiesteros que vuelven de una larga noche, con alguna copa de más. De una chica creí escuchar algo así como: “ese chico va a estudiar”. De otro chico que “si estaba bien de la cabeza”. Y para culminar, me encuentro con un hombre disfrazado de Bob Esponja. Cuántas cosas pueden pasar y pueden verse a horas tan tempranas.

Como hacía frío, llevaba una chaqueta que tapaba…el polo del Real Valladolid. No, no me encaminaba a la biblioteca más cercana para aprobar los exámenes de recuperación, sino que mi trayectoria era diferente. Tomé el autobús de las 9 de la mañana, y tras un plácido y ligero viaje llegué a Valladolid. Comenzaba a dar el sol, que aumentaba su intensidad con el paso de los minutos, y a las 12 ya era casi insoportable.

Empieza el partido. Aproximadamente 10.000 aficionados, quienes fielmente nunca fallarán al club, en un día en que el equipo iba a volver a sonreír, y hacernos disfrutar 90 minutos a los que acudimos al estadio. Pero a las 12, aún no sabía que iba a suceder. Tan sólo era consciente de la temperatura que hacía esa mañana de domingo. Asimismo, tampoco sabía que al finalizar el choque mi rostro se asemejaría a un tomate para gazpacho.

Y es que es increíble sentir que estás viendo un partido sacado del FIFA en nivel amateur, en el que tú escoges al equipo blanquivioleta de local. Porque si bien el Real Valladolid no cuajó un partido de dominio y un juego espectacular, supo aprovechar las ocasiones manifiestas de gol a la perfección. Así, en los primeros compases de partido, en una contra que realizó Javi Guerra, consiguió el primer gol de los locales tras un disparo cruzado. Primer ‘chut’, primer tanto. Todo se veía más fácil desde Grada Norte, bajo un sol que empezaba a inquietarme y por el que debía refrescarme cada pocos minutos. Agua fresca para un resultado fresco, como el que el Real Valladolid estaba consiguiendo ante un Recre que no tuvo fortuna en las ocasiones de ataque que dispuso, que no fueron pocas, gracias a la movilidad de Kepa dentro del área y a la insistencia visitante al verse por detrás en el marcador. Todo ello ayudado por el repliegue tan acusado de los blanquivioletas cuando se adelantan en el partido.

Replegarse, esperar al rival, pero salir a la contra y machacar. Esas premisas siguieron para conseguir el segundo gol, obra de un enrachado Calle, tras asistir Nauzet, quien se está convirtiendo en `el hombre del último pase’ en este inicio del campeonato. El equipo no estaba usando las bandas, en el centro del campo no se imponían con claridad, pero estaban tocados por la varita de los elegidos para ganar. Los delanteros ayudaron defensivamente y tuvieron mucho oficio en este aspecto del juego. El Recreativo merecía más antes del descanso, pues dispuso de ocasiones como la que tuvo Aitor que estrelló un balón en el palo derecho de Jacobo. Fue un aviso, que se perdió tras el final de los primeros 45 minutos.

El equipo entrenado por Antonio Gómez está aprendiendo a dormir los partidos, a aguantar trombas de agua y salir beneficiado de ello. Y este es un aspecto clave para aspirar a algo en segunda división. En los primeros encuentros está viviendo situaciones de diversos colores: partidos de dominación absoluta, otros de no tanta, otros de sufrimiento para mantener la portería a 0 y los 3 puntos, y otros en los que la suerte se alía y la efectividad se sitúa primera en la carrera por la victoria. Y tal vez este último color destacó en el partido ante el decano del fútbol español.

En el descanso, los asistentes al partido se abonaron a la sombra, y agolpados en la zona de entrada y de la barra del bar, pedían refrescos para mitigar el sofoco generado por el agobio de un sol pesado. Como siempre, la espera se alarga hasta el pitido que inicia la 2ª parte. Y así fue, cuando aún aguardando a la botella de agua fresca, el Zorrilla rugió, aunque no como cuando los goles se marcaban en primera. Rugidos que escuché pero no vi, aunque sonreí igualmente, y tras volver a mi sitio de origen pregunté por la jugada. De nuevo Guerra, para conseguir el tercero de la tarde, tras ser habilitado por Nauzet, que conseguía así su segunda asistencia del día, y que brindaba al delantero malagueño su segundo gol. Partido terminado. Tocaba disfrutar aún más tranquilos, analizando más concienzudamente y dejando, quizá, algo más apartadas las emociones. Esto dicho sobre el papel, pero irrefrenable en la realidad, pues cuando llegó el cuarto para la cuenta vallisoletana -y el doblete para el madrileño Calle-, la afición gritaba, y vitoreaba el nombre del delantero que llegó a Valladolid cerrando las cremalleras de muchas bocas que no lo veían apto. Un hombre teóricamente suplente que está demostrando garra, y también unión en el grupo. Que es lo más importante.

Por otra parte, el técnico madrileño del Real Valladolid, Antonio Gómez, supo realizar los cambios en el momento correcto, sacando a Baraja por un Jorge Alonso amonestado nuevamente, dando juego a Jofre , que imprimió velocidad por su costado, y a Antón, que intentó llegar al área del meta Fabricio aunque sin un premio final.

Tras el final del partido, sólo nos queda seguir. A los aficionados ilusionándose con prudencia, al equipo rindiendo. Otra semana más de alegría por el objetivo conseguido, y de trabajo para mejorar. Y a la vuelta de la esquina, el Betis en Sevilla. Al mediodía, presumiblemente con el mismo o más sol, y seguramente partidazo.

domingo, 5 de septiembre de 2010

El Real Valladolid inicia su temporada.

Una temporada más estamos con el fútbol en primera línea. La semana anterior se levantó el telón de la liga de plata en España. Liga con equipos cuyo valor, históricamente, es mayor que el dicho metal.

Así pues, centrándonos en el Real Valladolid, mostró su tarjeta de presentación de una forma inmejorable. Demuestran que son un bloque unido, con las ideas claras, que trabaja la táctica, con un juego nítidamente ofensivo y de posesión, realizando una presión en la línea de 3/4 que dificulta la salida de balón del equipo rival (ya pudimos verlo en el partido ante el Villarreal, con la presión individual de la línea más adelantada). Pude ver triangulaciones muy interesantes entre Guerra y los interiores, que permitieron crear jugadas ofensivas que ponían en riesgo la portería del cancerbero (con muy buena pinta), del filial amarillo. La movilidad del mediapunta y de los extremos va a ser, presumiblemente, una de las características primordiales de este nuevo proyecto de Antonio Gómez, ex-entrenador del Liverpool Reserves. El técnico ya ha manifestado su deseo de jugar mayoritariamente para los extremos. De hecho, hemos podido ver cómo la función ofensiva de los laterales cobró mucha importancia en el primer partido liguero, con numerosas subidas por la banda del carrilero izquierdo Guilherme y del derecho Pedro López.

Otra de las claves es cerrar los espacios y robar el esférico en la medular, con lo cual pueden elaborar contras rápidas abriendo el juego para Sisí, Nauzet o Antón. Sin duda, veremos infinitas jugadas de este tipo. Este tipo de acciones pudimos ver contra el filial castellonense en Zorrilla.

Otro punto importante es la delantera. Javi Guerra, quien no es un `killer´, ayuda muchísimo a los jugadores de ataque, con lo que estos terminan aumentando su cuenta anotadora a lo largo de la temporada, como demostró la pasada en el Levante. Suma, y ayuda a sumar. Por lo que he podido ver, me parece un delantero fuerte, luchador, con buen juego de espaldas, inteligente, como inteligentes son sus desmarques, aunque con una definición que no se adhiere a la de un '9' puro. De hecho, como digo, no lo es.

Una plantilla, que si bien no parecía demasiado nivelada para competir por el ascenso a mediados de agosto, se ha ido perfilando desde entonces y se ha convertido en un plantel, pienso, que equilibrado. Porque en él se combinan futbolistas veteranos de la categoría, como es el caso del delantero ex-xerecista Calle o Jofre, con otros más jóvenes que buscan un hueco en el equipo titular (veamos el caso de Jesús Rueda, que jugó cedido en Córdoba la pasada campaña) o de Marc Valiente, Lázaro, Sisí, Alonso e incluso el renacido Álvaro Antón. Jugador, este último, al que si le respetan las lesiones podrá realizar un campeonato en lo más alto, porque calidad no el falta. Otro motivo para pensar que esta plantilla es completa, al menos por lo demostrado en este poco tiempo y por los nombres que hay en ella, es la rotación. Dos jugadores por puesto, para crear competencia que en cualquier caso es sana y positiva para cualquier futbolista que vaya a un equipo a sumar. Con la llegada de Óscar, otro hijo pródigo de la entidad blanquivioleta, la lucha por la titularidad con Antón, en la mediapunta, estará muy disputada y a buen seguro ayudará a que estos hombres aumenten su nivel y se mantengan 'enchufados' a la liga. Y para terminar con la plantilla, destaco la prioridad y respeto que parece tener el nuevo técnico vallisoletano con la cantera. Deseo que así lo mantenga.

Y eso es lo que quiere Antonio Gómez. Un equipo implicado con el objetivo, que no es otro que disputar, en lo más alto de la clasificación, todos y cada uno de los enfrentamientos ligueros. Que mantenga una identidad, y la lleve hasta las últimas consecuencias. Que disfrutemos este año, aunque sea en segunda.

Finalmente, he de decir que tengo buenas sensaciones. Es pronto para entusiasmarse, pero al menos la base parece construida. Hoy el equipo se enfrenta al Granada en el estadio de Los Cármenes. Estará lleno hasta la bandera. Ambientazo.

viernes, 27 de agosto de 2010

Curso intensivo con el tiempo.

El tiempo no espera absolutamente a nadie. Pero invita a todos a acompañarlo. El tiempo te ofrece posibilidades, te ofrece acontecimientos. O los tomas y aprovechas, o no suceden. El tiempo pasa y enseña a las personas a merecer ser llamadas así. Es como un padre o una madre que ofrece su sabiduría, para más tarde alejarse de ti y ofrecerte el timón para navegar entre las agujas, ahora digitales, de un reloj cualquiera. Es el ojo que, realmente, todo lo ve. El espectador de tu película, la cual termina cuando el reloj se escacharra. Al menos se termina en esta dimensión.

A mí el tiempo, como legendario sabio, me ha enseñado a saber mirar, a saber utilizar la perspectiva idónea para cada momento. A indagar, a separar lo importante de lo accesorio. A querer saber –que no saber- aprovecharlo al máximo. A hacer lo que quiero lo primero, y lo que menos quiero, después.

Precisamente, en este período a caballo entre el 2009 y el 2010, he realizado un curso intensivo con él, con el sabio. En las primeras lecciones, yo aún me sentía muy poco, digamos, en forma. Lecciones de amor. Podemos decir que el curso iba relacionado con este aspecto. Me entraban escalofríos, aunque sabía que era la asignatura troncal más dura y que más esfuerzo requería, por ello decidí apuntarme a los cursos que ofrecía el señor tiempo.

-Pero tiempo, ¿dónde me estás metiendo? Voy a suspenderlo, llevo unos cuantos cursos atrasado, y no sabré aplicar los términos en cada caso práctico. Me va a costar horrores, profesor.

-Tú simplemente escúchame, y copia todo lo que te vaya diciendo, sin preocuparte por qué escribes o dejas de escribir.

Así pues, intenté hacerle caso. Mi problema surgió en que, cuando veía un hueco libre, me escabullía e intentaba adelantarme a las lecciones que me iba enseñando. En ocasiones, incluso me las daba de listo y terminaba errando, con equívocos que me costaron malas calificaciones. El tiempo era un duro profesor.

Pero las lecciones seguían rellenando las hojas y yo, sorprendentemente, terminaba entendiendo qué me pretendía decir en cada frase, en cada párrafo que escribía de la boca del profesor. Se repetía bastante, para qué engañarnos, con consignas varias, que terminaban por fijarse en mi cabeza. “Aprovecha mis clases”,”Haz caso a todo lo que te digo”. “Cada instante es único e irrepetible, no alejes tu cabeza hacía algo que no sea la imagen que estés observando en ese momento”. “Si desvías tu cabeza, los pelos de tu piel dejarán de erizarse cuando deberían permanecer totalmente tiesos”.

En las primeras clases, como decía, me costaba mucho seguir alguna de esas premisas. Mi mente daba vueltas, algo oscuro me hacía estremecer y segregaba un sudor muy molesto que me agobiaba demasiado. Por tanto, en cada instante los pelos de mis brazos no se erguían como deberían por estar viviendo con la mayor de las suertes y fortunas, aunque a algunos kilómetros de distancia.

En las lecciones posteriores un cambio empezó a notarse dentro de la caverna de locuras que forma mi cerebro, y lo que hay dentro. (Qué daño hace querer todo tan pronto, en lugar de vivir cada momento, y qué complicado es hacer esto último). Estudiaba diariamente para aplicar lo que iba escribiendo del profesor tiempo: “Es importante que sepas distinguir entre diferentes actos”.”Algunos de ellos, aunque tengan el mismo nombre, tienen un fondo desigual”.”Los besos son genéricamente llamados de la misma forma, pero lo que llevan es totalmente dispar en cada caso, en cada momento”,”Los pensamientos actúan de igual modo que los besos, así como los sueños y las palabras”. “Cada situación es distinta aunque erróneamente pueda tener el mismo nombre propio”. Esta última enseñanza me costó discusiones acaloradas con mi maestro, quien en algún momento tuvo que cerrarme el cuaderno de notas para que reflexionara.

También tuve confrontaciones que dieron lugar a una sensación llamada algo así como añoranza, o melancolía. Me asustaban esos enfrentamientos porque me dejaban, siempre, con ese sentimiento dentro de mí que no se iba en ningún momento. De hecho, desde el principio se ha mantenido intacto y ahí sigue, como inyectándome una paradójica energía para continuar con el aprendizaje que me brinda el mejor maestro que he tenido.

Ha pasado un año desde que comencé con ese intenso curso que, ahora que le cogí el gusto, no quiero terminar. Ah, por cierto, lo aprobé, aunque con unas notas mejores que otras.


Atte: Seattle23.

jueves, 26 de agosto de 2010

Fase de grupos de la Liga de Campeones 2010-2011.

Aquí va una pequeña y escueta opinión sobre cómo han quedado los grupos de Champions. Comienza lo bueno, empieza la liga, y éste es el pitido de salida.

Empezar diciendo que el grupo del Inter, el A, es un GRUPAZO, sería lo correcto. Igualado, incluso para el equipo que ha salido del 4º bombo, el Twente. El inter, superior a los alemanes del Werder, a los londinenses del Tottenham y al twente holandés, lo tendrá complicado en las tres salidas que haga. Sin duda, el grupo con el nivel más paralelo de todos.

En cuanto al grupo que le ha tocado al Barcelona no hay mucho que decir. Dura salida a Grecia y pesada a Rusia. El resto, teóricamente sencillo. El Madrid de Mourinho, por su parte, ha quedado emparejado en un conjunto de equipos correosos, pesados, en cuyos estadios será difícil puntuar, aunque esté en la obligación del club blanco. El Milán no es lo que era, pero siempre pueden volver a estrofear el grupo en detrimento del Real Madrid, y los franceses del Auxerre jugarán con fuerzas. El Ajax tiene una inmejorable ocasión para pasar de ronda, y tras haberse clasificado para esta fase de grupos en las últimas.

Peor suerte ha tenido el Valencia que se enfrentará a dos rivales duros, el Manchester manifiestamente más que los escoceses. Estos, históricamente, siempre han planteado problemas en Champions y esta temporada no va a ser menos. En cuanto al viaje que tendrán que efectuar a Turquía, seguro que no es un viaje de agrado para los de Emery, pese a la debilidad de los turcos.

En general, buena suerte para los clubes ingleses, sobre todo para Chelsea y Arsenal, quienes disfrutan de los grupos teóricamente más livianos. También corren fortuna los italianos de la Roma y el Bayern, claros favoritos en su grupo.

En resumen: grupos bastante abiertos en al lucha por la segunda plaza, salvo en el grupo comandado por el Bayern, en el cual se vislumbran dos claros clasificados. El grupo más interesante y atractivo, para mí, el A.

Por tanto, así quedan los grupos de la mejor competición mundial de clubes:

Grupo A:
Inter.
Werder Bremen.
Tottenham.
Twente.

Grupo B:
O. Lyon.
Benfica.
Schalke 04.
Hapoel Tel-Aviv.

Grupo C:
M. United.
Valencia.
Rangers.
Bursaspor.

Grupo D:
Barça.
Panathinaikos.
Copenhague.
Rubin Kazán.

Grupo E:
Bayern.
Roma.
Basilea.
Cluj.

Grupo F:
Chelsea.
Olympique de Marsella.
Spartak de Moscú.
M.S.K. Zilina.

Grupo G:
Milan.
Real Madrid.
Ajax.
Auxerre.

Grupo H:
Arsenal.
Shakhtar.
Sporting de Braga.
Partizán de Belgrado.

P.D.: Mañana comienza la segunda división española(indecente y oficialmente llamada Liga Adelante) que será inaugurada con el partido que jugarán en el Nuevo Estadio José Zorilla el combinado de Antonio Gómez, el R.Valladolid, y el filial del Villarreal. No podré ir a verlo por la ingeniosa idea de unos pocos de fijar partidos los viernes a las 21:00 de la noche. Me conformaré con intentar disfrutarlo por internet o GOL TV.

martes, 13 de julio de 2010

CAMPEONES DEL MUNDO.


Coloco el capuchón sobre la punta de la pluma y la introduzco en mi bote de bolígrafos, lapiceros, subrayadores, tijeras y demás bártulos de escritorio. De fondo, desde la calle, puedo escuchar un “yo soy español, español, español”. Yo lo llevo siendo desde que nací pero, en un día como el domingo, afloraba aún más ese sentimiento de identidad. Una sensación que, con el fútbol, se acrecienta más que en cualquier otro ámbito.

El fútbol, el mundial, la victoria, la selección, la entrega, la competición, las ganas de triunfar, el objetivo cumplido, la meta sobrepasada siendo el primero, la medalla de oro; la pequeña dorada copa del mundo que significa un lugar en la historia del deporte. Que significa una estrella en la camiseta. Encima del escudo. Todos estos términos son causas y consecuencias que se funden enaquella alcoba del éxito situada en lo más alto, donde sólo unos pocos pueden llegar. Es el único lugar del universo en el que se pueden atrapar las estrellas y sellarlas en la banda izquierda del pecho del vencedor. Cómo suena, qué bien sienta poder decirlo.

Y en la final del campeonato mundial España llegó hasta allí. Hizo uso de la famosa frase de que las finales no se juegan, sino que se ganan y, haciendo alarde de inteligencia, se agenció el mensaje y lo llevo a la práctica. Y lo consiguió. Pese a la dureza de una Holanda que basó su juego en, precisamente, frenarlo, con continuas entradas durísimas. De Jong había sido poseído por una mezcla entre Chuck Norris, Van Damme y Bruce Lee. Las únicas luces que se resisteron a fundirse en el combinado holandés fueron Robben y Sneijder. Los de casi siempre. El primero fue quien más peligro creó en la meta de Casillas y quien pudo haber cambiado ese último capítulo de la novela más feliz. Pero no fue así. Porque allí estaba el ‘Santo enamorado’ que, con una magistral parada, terminó derrotando en el uno contra uno a Arjen. La Furia caminaba por delante, y jugaba sabiendo que debía ser campeona.

Y si he de decir héroe, término utilizadísimo en la jerga deportiva, que sea Iniesta. Humildad y honestidad, y calidad, y técnica, y regate, y visión… y gol. Y el mejor gol, en el mejor momento. Justo cuando comenzaba a percibir los temidos penaltis, con un hedor cada vez más fuerte. No lo quería pensar. Me temblaban las manos tan sólo de imaginármelo. Bueno, de hecho, me temblaron durante todo el partido.

Y es que hacía tiempo que no sentía unos nervios tan profundos por el fútbol. Ni con esa pareja mía, llamada Real Valladolid, que este año se fue con otro, con la segunda división, y me provocó un auténtico ataque de cuernos. Me decepcionó, y tardé tiempo en volverme, digamos, a enamorar. Pero por fin esa sensación volvió. Esos nervios que me recuerdan que aún siento por el deporte, y por el fútbol, como hobby preferido para mí, y para el país entero. Como el entretenimiento que más me hace disfrutar, aunque en ocasiones peque de masoquista. Y como el recién enamorado, volvemos a ilusionaros con algo, con este equipo que ha conseguido algo complicadísimo: vencer en la Eurocopa y en el Mundial de forma consecutiva. Preguntad a Zizou si sabe qué se siente consiguiendo tal hito.


Ahora, España, con su estrella dorada en lo más alto del escudo, se ha convertido en una de esas celebridades que siempre serán invitadas a las mejores fiestas, aunque no sólo por su cara bonita. Ella tiene algo más que una gran sonrisa y una espléndida presencia. No se cuela por su descaro, sino porque se lo merece. Porque es campeona del mundo.

Es gratificante poder vivir estos momentos, es genialmente enriquecedor. Algo tan sencillo como un deporte puede conseguir hacer feliz a tanta gente. Algo tan sencillo como un gol. Gracias, campeones.

En este momento, después de guardar la pluma ya casi gastada en el bote de bolígrafos, me enfundo mi camiseta de Fábregas y marcho a celebrarlo, hasta que el cuerpo diga basta.