miércoles, 23 de marzo de 2011

¿Convencerán a los dudosos?




Salamanca, una del mediodía del lunes, en clase de economía con un profesor que bien podría ser el doble de Quique Sánchez Flores –no os extrañe, aunque se declara madridista-, explicando un tipo de funciones inversas mediante ejemplos de las ligas de fútbol: más dinero igual a número más bajo de la clasificación, es decir, mejor posición. También dijo que existían las excepciones en el fútbol, como brochazo de su interés por este deporte, pero ceteris paribus (sin contar otros factores), la función inversa se cumple: equipos grandes, objetivos grandes.

Acto seguido, recibo un mensaje: ¿vamos al Valladolid-Girona? Momento de meditación reducido. Tiempo de respuesta positiva, mínima. Nos dispusimos a la aventura de ver a un equipo en el que la función inversa se cumple a raja tabla, en ‘modo humilde’ activado, por desgracia.

Luchamos contra el monopolio televisivo que gobierna el fútbol español con más errores que aciertos, los retamos, gastamos gasolina, y acompañamos a un grupo de futbolistas ganador en casa, frágil lejos de ella. Como el niño que alejado de su madre, asustado, no puede contra las circunstancias que le rodean y le provocan una angustia insoportable.

Empequeñecidos sin su afición, guerreros dominantes con ella. Qué épico suena. Como épico es situarse a sólo 3 puntos de playoffs tras una temporada irregular, llena de modificaciones sensibles con apariencia trascendental. Afectan, es lógico, pero un jugador aplaca un tanto sus efectos: el ‘9’ del Real Valladolid.

Ese a quien tal vez pude endiosar como la gran mayoría de unos aficionados blanquivioletas necesitados de ilusiones que no ven por ningún lado. Porque por muy buen camino que Abel Resino haya trazado en el José Zorrilla, a mí me vendieron un objetivo distinto. Antes de la tormenta.

Mientras tanto, Javi Guerra es dueño y señor de los titulares referentes a la victoria frente al Girona. Sus 17 goles y su rendimiento lo han puesto en boca de equipos que, a buen seguro, intentarán ficharlo en verano. Él tiene contrato e implicación y apuesta por metas más atractivas si el conjunto blanquivioleta continúa jugando así.

Aunque, como el equipo, el gol se le atraganta cuando tiene que viajar a otras ciudades. Y ese se ha convertido en el reto más próximo al que se enfrentará: marcar en el estadio Helmántico. Las estadísticas no acompañan ni sonríen al equipo blanquivioleta en otro lugar que no sea Valladolid. Por ende, los aficionados no las tienen todas consigo.

De hecho, aunque haya leído en un diario salmantino que se espera un millar de pucelanistas, no termino de imaginarme esa cifra llenando la zona visitante del campo. Observo una desconfianza, por otra parte natural, hacia el Real Valladolid para el domingo. Tiempos mejores ya han pasado por el escudo del laurel y el fuego. Y eso se notará. Hace cuatro años volábamos hacia primera de la mano de unos resultados y un juego fuera de lo común.

Hoy día, la energía de la marea blanquivioleta permanece bajo mínimos. De vencer, se puede dar caza a la tan estudiada posición de playoff, pero esa marea no ruge, sino silenciosa, se debate entre unirse o esperar a un cambio radical. Incierta, confusa, no sabe si el equipo ha enderezado el rumbo, o es simple cuestión de rachas victoriosas con fecha de caducidad.

La mejor manera de despejar esa incógnita consiste en algo tan sencillo de pronunciar como complejo de llevar a su fin: ganar fuera ¿Una victoria en Salamanca significaría algo más que tres puntos obtenidos en ‘casa de otro’? ¿Atraería a un tanto por cierto importante de esa marea dudosa?

Llevar el triunfo a Valladolid supondría un estímulo, tanto para los hinchas blanquivioletas, como para los futbolistas. Un estímulo más influyente de lo que pueda parecer. No me perderé la oportunidad de que así suceda. Seré uno de esos seguidores que acompañarán al equipo el domingo. Y esta vez, las crónicas no serán desde fuera.

lunes, 14 de marzo de 2011

Un pretexto poco alentador


Comenzó mal el fin de semana para el Real Valladolid. El equipo viajaba hacia las Palmas sabiendo que no podría contar con William Ferreira debido a la denegación de la suspensión cautelar. El jugador quiere volver a su club anterior, Bolívar, para intentar asaltar el título liguero, con el deseo de volver a Valladolid, una vez termine la temporada.

Asegura que en su mente reside la idea de retornar a la capital castellana, pues le trataron “bárbaro”. Sin haber disputado ni un solo minuto, ha dejado mejor sabor de boca que otros futbolistas con la suerte de haber disfrutado de oportunidades para hacerlo, despedidos por la puerta de atrás en el mercado de invierno. Cosas del fútbol. Cosas de este Real Valladolid

Si antes de tomar rumbo a Las Palmas, el ambiente se pintó de decepción, con el partido, se embarrulló del todo, lleno de pintadas sin orden ni concierto, con final en la papelera, transformado en una bola de papel inútil. El conjunto entrenado por Abel Resino volvió a mostrar la debilidad que le ha acompañado en casi todos los partidos disputados fuera de Valladolid.

Hubo minutos en los que pudieron adelantarse en el marcador y mostraron empuje y decisión. Concretamente, los 20 minutos situados entre los primeros 15 de desconcentración y los últimos de un juego menos intenso, respondido con el gol del equipo canario. Hablamos de la primera parte, porque en el resto de partido, únicamente se vio inoperancia y espesura futbolística.

Pero la debilidad no sólo se mostró en el Estadio Insular, también en la rueda de prensa pre-partido. En ella, con gesto serio, Abel Resino manifestó: “no me gusta el partido frente a Las Palmas”. Primer paso hacia la derrota. Un pretexto poco alentador. Un timonel nunca debe dar muestra de fragilidad, y con declaraciones así expresadas, mucha seguridad, no ofrece. Mal paso.

Porque, escuchadas y vistas las declaraciones, sonaron derrotistas. Chirriaban pesimismo. Tampoco creo que intentara generar un efecto anti-presión, pues la mentalidad ganadora no se consigue disminuyendo la presión por llevarse los tres puntos. Hay que querer salir a ganar siempre, además de parecerlo. Las sensaciones negativas se guardan dentro de sí, sin darles el poder suficiente para que terminen imponiéndose en el resultado final: la derrota por 2-0.

Una función fundamental del preparador es saber motivar a sus jugadores, mediante técnicas de coaching mental. Entrenamientos psicológicos con el objetivo de retomar una situación positiva, de mantenerla, o de generarla. El objetivo de Abel Resino con el equipo pucelano ronda a caballo entre mantener una situación –efectiva en el Nuevo José Zorrilla, mejorable en el resto de estadios- y crearla. Con la balanza inclinada a generar un camino de victorias marcadas por el 2 en la quiniela.

Batallas perdidas antes del partido no hubo pocas, desde luego. La convocatoria fue modificada después de conocer la inesperada baja de Óscar por gripe. Un jugador ofensivo menos. En su lugar entró Álvaro Rubio. Un centro campista más. Semi-olvidado, también. Otro mal paso al frente.

Ello, sumado a la ausencia de un Sisino pegado a twitter móvil desde el tren, camino de Valladolid, para enterarse de lo que acontecía en el partido, y al definitivo adiós de William Ferreira –a expensas de su viaje de retorno-, el Real Valladolid apenas presentó efectivos en ataque. En el partido, se notaron los azotes de la mala suerte, carne de cañón para escribir, ahora, el debate de la cantera.

Debate que ya se saca a relucir en emisoras vallisoletanas y foros del pucela: ¿Nuevo paso para los delanteros del filial? Rubén Sánchez o Bacari esperan su momento para saltar al primer equipo, en el que Quique se afianza por las circunstancias, sumando minutos.

El técnico del equipo blanquivioleta ha manifestado la imperiosa necesidad –como la del equipo amarillo tras 15 jornadas sin hacerlo-, de subir a un jugador del equipo B para completar puestos. Porque Guerra es humano, y no siempre va a estar.

lunes, 7 de marzo de 2011

Un disfraz de salvador que sienta muy bien


Otro fin de semana sin poder ir al estadio, acompañado de la radio como medio más eficaz de transmisión de goles, ya que las televisiones se han empeñado en poner losas al derecho de ver partidos de segunda división.

La diáspora pucelanista, al menos, aprende a imaginarse las victorias que no puede ver debido a factores como el ya mencionado, unido, naturalmente, a su condición de “exiliada”. El arrebato por un gol sobre la bocina, por otro lado, tampoco nos lo quita nadie. Ni los que seleccionan los horarios de los partidos y su emisión. Cuidado, que siento un espíritu “Mourinhista” dentro de mí.

Escuchar partidos por la radio tiene magia. Mucha magia. La fantasía sale a flote, pilotada entre el narrador y tú mismo. Imaginas las basculaciones, las transiciones, los trotes, regates, ayudas defensivas, paradas del portero, conversaciones entre jugadores, el olor del césped, la suciedad de las botas, la afición sentada –otros animando- sobre unos más que sucios asientos de colores morados grisáceos…

Proyectas los tres goles del partido. El primero de Javi Guerra, tras cazar un centro desde el costado zurdo de Peña y rematar fuerte a la red. El segundo, de Saizar al batir a un portero, Javi Jiménez, debutante en Zorrilla y llamado a ser titular de aquí en adelante, y el tercero…Sí, de Javi Guerra. Me repito, e imagino ambos goles. Me cuesta poco, será porque nos tiene acostumbrados.

Y es que el delantero malagueño lleva ya anotados 16 en la presente campaña. Una barbaridad que, en cierta y amplia medida, está sustentando al conjunto blanquivioleta en una zona cada vez más cómoda, a dos puntos de los playoffs de ascenso. Quién nos lo diría en enero, aunque Guerra seguía marcando.

En la segunda semana de febrero, el Real Valladolid frenó su caída, agarrándose a unos brazos que aparecieron desde la superficie del acantilado. Desde ese día, han ido tirando con fuerza hasta conseguir salvar al equipo de una caída irremediable.

Los brazos de nuestro delantero. Un killer como no se recuerda desde Joseba Llorente. Recordemos que no venía con el target de golear, pero lo ha asumido con eficacia. Se ha visto sin competencia en el puesto de goleador, máxime al retrasarse la suspensión cautelar que permitiría jugar a William Ferreira, fichaje invernal llegado para reforzar el ataque.

Ni cansado, frena. A este ritmo supera el récord de Cristiano. Oh, vuelvo a mencionar al R. Madrid. Será porque nos despertamos, comemos y dormimos con él. Aunque algunos prefiramos otro acompañante de cama, al que buscamos incansablemente, dándonos de bruces con un “sin señal” o “sin televisión”.

El partido ante la Ponferradina fue complicado. El rival supo cerrarse bien, y levantarse después de encajar el 1-0 hasta conseguir el empate. No obstante, sufrió para superar a un motivado y concentrado JJ. El medio campo tuvo problemas para crear, un cortocircuito se produjo entre los dos pivotes y Óscar.

Las bandas no golpeaban como suelen. Antón, incómodo en la banda izquierda, debía por enésima vez jugar hacia el centro para crear peligro. La banda derecha, poco ruidosa, hasta que Nauzet aparecía. Carentes de imaginación. ¿Surgen complicaciones cuando toca lidiar con un aguerrido equipo de la zona baja? Desde luego, contra la SD Ponferradina, sí.

Tuvo que aparecer la cabeza de Javi Guerra, disfrazado de salvador, para dar una victoria que prolonga la fantástica racha del equipo pucelano. Fantástica porque lo sitúa a dos puntos de una sexta plaza que da derecho a luchar por un objetivo indispensable, a corto plazo, si la entidad piensa sobrevivir y vivir un Proyecto Arena de una fama creciente al ritmo de las elecciones. Objetivo omitido, ya sabéis de cuál hablamos.

No soy mucho de disfraces. Me da bastante vergüenza. Prefiero verlos puestos en los otros, y me fascinan los que marcan diferencias, los que destacan. Hay algunos de una originalidad inusual. Aunque si tengo que elegir a uno, en estos Carnavales, lo tengo claro: el de salvador.

jueves, 3 de marzo de 2011

Superarse ante la adversidad


Hay puntos que saben dulces. Que podrías incluso firmar, dadas las circunstancias. El conseguido en Albacete es un ejemplo fehaciente de ello. Partido que se complica con un gol recibido antes de tiempo, en el minuto 6, por otro jugador que también se fue antes de tiempo, aunque con motivos justificados.

El delantero Calle marcó para los suyos tras rematar un balón botado por Antonio López desde el córner. Jacobo no estuvo acertado en la salida. Antes, Tato ya había avisado en dos ocasiones a la defensa visitante. Los manchegos buscaban el juego en largo, las espaldas blanquivioletas, en esta ocasión, rojas, para hacer un daño mayor.

Habían salido decididos a conseguir la primera victoria de la etapa David Vidal. Denominar “eras”, a lo que en realidad significan efímeros pasos de entrenadores por equipos en capa caída, no es acertado.

La primera parte no brindó buen fútbol para el Real Valladolid. El equipo lo intentó con un juego rápido, una presión adelantada y balones a unas bandas que no actuaron tan acertadamente como en los dos anteriores encuentros. Nauzet realizó un chut que terminó mal, Alonso disparó a media volea –volvía al once tras cumplir el ciclo de tarjetas, ocupando la posición de mediapunta- y Antón se atrevió a disparar contra la portería tan bien defendida por Keylor Navas. Uno de los valores del Albacete Balompié.

El conjunto vallisoletano presentó un once modificado por las ausencias de Baraja –recibió una roja ante el Elche-, y Barragán –suplido por un cada vez menos protagonista Pedro López-. Matabuena acompañó en el eje a un líder anímico llamado Mehdi Nafti, para conformar un centro del campo duro, consistente, que no dejara jugar por el centro y abortara la intención de dominio del adversario.

La defensa pucelana sufrió los balones a la espalda y los centros al área. No se mostraron tan seguros. Habían encajado un gol después de 3 partidos sin hacerlo. Tampoco el medio campo conectaba con el ataque, ni Jorge Alonso tuvo su día. Desacertado el salmantino en la distribución, poco agresivo, o nada, en defensa.

Poco antes del descanso, la afición local pidió un penalti en una jugada de Calle, desbaratada en el último momento por Jordi, acertado al meter la pierna. Antonio Calle quería más, pero el devenir del partido cortaría toda esperanza de conseguir otro gol.

La segunda mitad añadió el resto de locuras a la noche. El resto de cambios reseñables para mencionar. El primero, que en la reanudación no hubo cambios. Jorge Alonso, con una discreta actuación de enganche, continuó en el campo.

Lo cierto es que el Real Valladolid mejoró en la segunda mitad. Una de las jugadas que lo atestigua fue firmada por Peña. Centró un balón rematado por Guerra, atajado por Keylor Navas. También, Antón, en una de sus internadas, probó al portero costarricense. Todavía sin premio. Aún sin gol. Pero sin venirse abajo, como antaño. Sin dar la espalda al partido.

Asimismo, el equipo de Vidal tuvo oportunidades, como el golpeo sin fortuna de Verza que paró Jacobo, o la del peligroso Tato en un gesto pícaro, dejándose caer solo ante Jacobo, sin consecuencias, pese a la pitada del Carlos Belmonte.

Pero la pequeña locura, lo trascendente del partido, donde los análisis, los comentarios o críticas, tienen que centrarse, llegó en el instante en el que Jacobo, lesionado, dio paso a Javi Jiménez. De nuevo, en la portería sin esperarlo.

El cantero cumplió las expectativas, además de mantener la meta intacta. Otro cambio interesante llegó con la sustitución de Óscar por Matabuena, conque el charro pasó a jugar detrás de Guerra y Alonso al lado de Nafti. Menos contención en el doble pivote, pero más ataque y creación.

El pucela intentó encarcelar al Albacete en su área, y lo que consiguió fue el gol, obra de Antón, al aprovechar un balón suelto en el área, caído desde la derecha. Desde donde los goles blanquivioletas llegan en mayor número. Minutos después de un cambio acertado. Tardío, pero acertado.

En el minuto 67, Juanito fue expulsado y dejó al Real Valladolid con 10 jugadores, lo que obligó a un retoque táctico. Antón dejó paso a Marc Valiente para reforzar una mermada defensa. Un jugador catalán que retornó, al fin, tras su calvario originado por una lesión en la mano.

Pese a la inferioridad numérica, los pucelanos nunca se dieron por vencidos, nunca se rindieron, y buscaron la velocidad, la sorpresa, para encontrar un premio de corte similar al de Huelva. Superarse ante la adversidad. Por el otro bando, el Albacete, sabedor de su oportunidad, tuvo opciones para retomar la ventaja en el marcador, pero la línea defensiva y Javi Jiménez lo evitaron.

Pero Calle, autor del gol, volvió a nivelar la balanza beneficiando…al Real Valladolid. Doble amarilla, la segunda por simular un penalti –nada nuevo en el madrileño-, y al vestuario. Minuto 86, nuevo “micropartido”. Y nueva ocasión, nacida de las botas de Nauzet Alemán, y finalizada de forma desgraciada por Alonso. Aún tuvo otra ocasión el equipo de Resino, en un centro del jugador canario que cerró el acta del encuentro.

Los jugadores vuelven para casa, en un viaje bastante placentero. Son conscientes de que el punto puede ser de oro si vencen a la Ponferradina, en Valladolid, la siguiente jornada. Saben que están dibujando, después de hacer el boceto, un nuevo objetivo más prestigioso, llamativo, pero algo tabú en las calles vallisoletanas. Eso sí, la actitud, nueva y diferente, les da a ellos, y también a nosotros, más confianza para seguir.

domingo, 27 de febrero de 2011

Tres, tres, tres.


Parecía que el partido frente al Elche era una continuación del jugado con el Betis una semana antes. Mismo escenario, alineación prácticamente igual (con la variante de Óscar por el apercibido Jorge Alonso en la mediapunta), sensaciones dibujadas con los mismos rasgos.

El esquema, sencillo: poseer el balón, contener el centro del campo, liderarlo, jugar abiertos con Nauzet y la súper peligrosa banda derecha, y llegar a Guerra, incansable ‘killer’. Ello, con una defensa segura, ya parece que definida, mezcla de veteranía y ganas por aprovechar el momento que se brinda.

Bien, otorguemos los roles, entonces. A Nafti le toca ser el líder del centro del campo, porque demuestra un liderazgo, una entrega, y una lucha inusuales en la medular pucelana en últimas fechas. Junto a él, Baraja, su compañero de baile, el cual ya aprendió cuando jugó su mejor período de fútbol bajo las órdenes de Clemente.

Las bandas tienen un papel fijo desde hace tiempo para Nauzet Alemán. El mejor asistente del Real Valladolid, el jugador qué más peligro origina, y cuya conexión con Guerra queda fuera de toda duda. Es inefable. Vertical, peligroso, rápido. Un extremo que ante el Elche hizo doble daño, primero, centrando un balón hacia el área que controló Antón, víctima de una entrada de Mantecón que supuso penalti. Lo transformó el propio Nauzet, asestando su segundo golpe para anotar el primero de los dos tantos que el equipo de Abel Resino consiguió frente al conjunto ilicitano.

Por la izquierda jugó, como hizo ante el Betis, Álvaro Antón. Probablemente, esté disputando sus mejores minutos como blanquivioleta desde que retornara en verano. Y lo está haciendo jugando por la izquierda, combinando con el resto de jugadores de ataque y tirando diagonales incisivas. Con el medio campo de mayor desgaste, Antón tiene más libertad para hilar, moverse, entrar al centro y colaborar en las acometidas pucelanas. Qué fundamental, pues, la labor del nuevo doble pivote.

Nos centramos en la línea defensiva. Parece renacida. Ha tomado seguridad, se muestra contundente. Sin temor a equivocarme: es la defensa necesaria. Peña, luchador, seguro y físicamente muy apto, lleva corriendo por la banda zurda desde que Guilherme se decidiera a volverse loco. Y está cumpliendo correctamente. El centro de la zaga se ha renovado. 50% en enero con Juanito, 50% desde hace dos jornadas con la entrada de Jordi Figueras en el once inicial. Un jugador que poco antes de ese giro drástico, admitía sentirse frustrado por su prolongada titularidad, esta vez en el banquillo.

Dos centrales que aúnan fuerza, estabilidad, y también veteranía. Totalmente motivados. Justo lo que necesita el bloque. Y finalmente llegamos al lateral derecho. Barragán ha encontrado su sitio, y un compañero de banda de verdadero lujo, Nauzet. Con él protagoniza gran parte del peligro ofensivo del Real Valladolid, unido a un acertado trabajo defensivo. Se le ve preparado para la titularidad de la que ya goza.

La portería sí plantea alguna disyuntiva para el técnico Abel. Por la lesión del paraguayo Justo Villar, decidió alinear en el once a Jacobo, en lugar de Javi Jiménez. Es cierto que el actual portero vallisoletano ha mantenido su portería a 0 en los dos últimos encuentros, aunque ha protagonizado alguna acción dudosa, que pudo plantear problemas para la zaga pucelana. La afición no termina de verlo fijo bajo los palos, y esperan la recuperación total del cancerbero Justo.

La referencia del Real Valladolid, Javier Guerra, demuestra su inmensa implicación con el equipo, reflejada en cada abrazo a los compañeros cuando consiguen un gol. Lo firme él u otro futbolista. Son vitales sus desmarques, es indudable su inteligencia para elegir la mejor opción dentro del área, y todo ello se traduce en goles. Y más goles. Y no olvidemos su participación también defensiva.

Además, el banquillo responde a las expectativas. Aporta, suma, como hizo Jofre ante el Elche. Entró en el terreno de juego en sustitución de Óscar, y se inventó una jugada individual para enmarcar, zafándose de dos jugadores contrarios y finalizando con un toque suave al balón, que se coló por la izquierda del portero Jaime.
Pero tras la expulsión de Javi Baraja por roja directa, y la quinta amarilla para Barragán, la función del banquillo volverá a tornarse determinante. Jorge Alonso cumplió ciclo de tarjetas, y Pedro López, quien disputó los últimos minutos de partido, participará de titular en el lateral derecho. El pivote acompañante de Nafti será, presumiblemente, Matabuena, para mantener ese orden defensivo en el medio del campo.

Esta radiografía refleja en lo que el Real Valladolid se ha convertido con tres jornadas consecutivas sumando de tres en tres. Las sensaciones difieren de las vividas poco antes de la expulsión de Óscar en Huelva. El equipo se ha transformado, y para bien. Toca volver a empezar, seguir caminando por esta travesía, algo más dulce que la anterior. Nos lleva a Albacete, equipo cuyo efecto David Vidal no se ha dejado notar demasiado en el poco tiempo que lleva el entrenador en el equipo manchego. ¿Se volverá a notar el efecto de este ‘nuevo’ Real Valladolid?

Una derrota, aprendizaje.


Jugadores jóvenes que aprenden más con una derrota que con un título. Jugadores que ven como, por un fallo absurdo de un defensa joven en el área chica, se quedan sin el primer título en 6 años. Jugadores que hace 6 años jugaban a la play, manejaban ídolos como Henry o Pires en el Arsenal. Y seguramente ganaban. Ellos, en Wembley, arropados por los suyos, por su ciudad, han captado a la perfección el valor de la victoria. Con una derrota.

Entre lágrimas frustradas, el joven jugador británico Jack Wilshere, que completó un partido a un nivel defensivo digno de alabar y ofensivo en la medida en que tuvo la posibilidad, pese al juego mediocre del equipo londinense, recibía un amargo metal de subcampeón. Cesc, desde la grada, pensaba desilusionado que debía haber aparecido allí, en el centro del campo, rodeado de sus 9 compañeros de juego girando sobre él. Pero no podía, una vez más.

En el césped, al lado de Jack Wilshere, cerebro presencial del arsenal, futuro líder de la selección inglesa, sollozaba también Laurten Koscielny. Aunque sin ser visto, tapado por su camiseta roja, sabedor de su error infantil. Pero no se debe recordar esa mancha en su carrera próxima. Se tiene que borrar, pues el francés ha demostrado un nivel para defender al equipo del norte de Londres.

Lo que está claro, aunque ese grupo de jugadores, tras la derrota, no lo sientan, es que han adelantado varios capítulos de la asignatura gracias el gol postrero de Martins. Y el futuro les espera, al que no tardarán en llegar. Próxima lección: Camp Nou.

lunes, 21 de febrero de 2011

Aprendiendo a ganar


Todo hace indicar que están aprendiendo a ganar. Sí, ese equipo que hace dos semanas se veía sumido en una honda desesperación y apatía, ha conseguido dos victorias consecutivas ante dos rivales andaluces como son el Recreativo de Huelva y el Real Betis.

El entrenador toledano Abel Resino decidió mantener en lo posible el once que venció en el Colombino. La línea de la defensa se mantuvo intacta, jugó Nafti de titular junto con Baraja, Antón de inicio por la banda izquierda, Jorge Alonso por detrás de Javi Guerra, y Nauzet Alemán en su banda derecha natural. El cambio de la discordia: Jacobo finalmente se hizo con la titularidad en detrimento de Javi Jiménez, al haber caído lesionado Justo Villar.

Algunos de los futbolistas titulares el domingo han visto desde el banquillo gran parte del campeonato, como Jordi Figueras o Antonio Barragán. No obstante, no han bajado los brazos y han aprovechado esta nueva oportunidad que se les brinda para alcanzar la titularidad. Y con nota.

Jordi Figueras, en el centro de la zaga junto con Juanito, firmó un partido muy completo y serio. Bien situado, concentrado, se manejó perfectamente junto a un veterano, Juanito, abortando los ataques que intentaban nacer de un Emaná hiper presionado y de un Castro excesivo en su picardía. No encontraban huecos posibles para perforar la portería de Jacobo. Poco ofreció el Betis pese a disponer de alguna ocasión peligrosa mediante ataques rápidos.

Y ofreció poco porque el centro del campo pucelano se mostró férreo, bien colocado, unido e intenso. Nafti demostró muchas ganas, iniciativa. Buscó apoyos en corto, facilitar la conducción de balón por la medular. Un orden. Jugadores así hubo el año en que Mendilíbar ascendió al Real Valladolid. Sin estrellas, sin ‘carrerones’, quizá sin mucha calidad. Pero con el objetivo definido de remar en la misma dirección. Viendo a Jordi pensé lo mismo.

Perseverancia y trabajo que los teóricos suplentes han demostrado en el campo como titulares. Esa tenacidad ha dado 6 puntos. Me evoca tiempos pasados en que los Iñaki Bea, Víctor o Joseba Llorente luchaban cada balón y por un objetivo común. Otra pasta de futbolistas. Ante el Betis, ese espíritu de trabajo, de confianza y de cooperación salió a relucir, después de tantas semanas de derrotas abrazadas de dudas.

Por la banda derecha nació una relación interesante entre Nauzet y Barragán. Ambos ofrecieron buen juego tanto en ataque como en defensa, creando la mayoría de jugadas de peligro del conjunto blanquivioleta. Pero quien originó la jugada del único tanto del partido, fue un jugador que en banda izquierda no se encontraba muy a gusto: Álvaro Antón.

Pasó desapercibido en los primeros compases de partido, perdido en la izquierda. Así, decidió tirar diagonales, ir al centro, buscar la bola y crear peligro. Decidió armarse de media punta. A la media hora de partido deleitó al aficionado con un chut desde más de 30 metros de distancia que a punto estuvo de sorprender al portero bético. Minutos más tarde, fabricó una arriesgada pared con Nauzet, quien sirvió desde la derecha a un Guerra despierto, astuto, ‘9’. Goleador. Minuto 43 con gol de los que escuecen, y mucho, por llegar al filo del descanso.

En la segunda mitad, el pucela siguió demostrando que jugaba en casa, con unas ideas fielmente marcadas y manifiestas, lejos de lo dibujado en partidos anteriores con resultado de derrota. Incluso con los cambios, el equipo se mantuvo ‘equipo’. Nafti salió del terreno rodeado de aplausos por su entrega en el campo y entró en él Matabuena. Para edificar otro muro en la media.

El equipo verdiblanco intentó crear peligro, cambiar la dinámica, empatar, pero la defensa local siguió parando todo propósito de los jugadores adversarios. El Real Valladolid manejaba el esférico, controlaba el tempo del partido y transmitía una sensación que recordaba en algo a la de inicio de temporada, cuando el equipo ganaba. Que el partido no se iba a escapar.

No obstante, en el capítulo final de partido, el conjunto de Pepe Mel se decidió con más ímpetu en acercarse al área de Jacobo. El Real Valladolid, por su parte, tras ingresar en el terreno de juego Jofre –sustituyendo a Nauzet- y Rueda por Alonso, continuó con tranquilidad y seguridad, representada en una defensa en estado de gracia. Una defensa de todos. Sin replegarse, con descaro, encontraron alguna contra protagonizada por Antón cambiado a la banda derecha y Jofre, que contrarrestó los ataques del rival.

Un equipo bien armado y unido, con un objetivo definido y motivado fue el Real Valladolid el domingo durante 90 minutos. Próximo rival, un Elche mermado por la sensible baja de Linares, referente del equipo ilicitano en esta temporada. El conjunto pucelano también tendrá que prescindir de Jorge Alonso al haber sido apercibido ante el Betis.

¿Quién ocupará, entonces, la media punta? ¿Un Álvaro Antón que ha demostrado ser válido en esa zona del campo? ¿Retornará Sisinio u Óscar? En manos de Abel Resino radica la decisión final. Aunque yo creo que lo tengo claro.